La gestación es pura magia: dejar que unas células extrañas entren en el cuerpo en busca de otra célula, permitir que invade el cuerpo sin atacar, formar pulmones, ojos, neuronas… a partir de dos células minúsculas, crear un órgano para alimentar a esta criatura, obligar a los ligamentos y músculo a ceder para que el bebe pueda crecer, producir un alud de hormonas para que el cuerpo pueda parir… ¡Hay tantos aspectos que considero sorprendentes!

¿Y si te digo que los corazones de la madre y del bebé se sincronizan?

Antes de entrar en materia, debemos tener en cuenta que el latido del corazón está coordinado por el sistema nervioso autónomo, es decir, un sistema nervioso que NO PODEMOS controlar voluntariamente. Además, el sistema cardíaco y respiratorio presentan dinámicas complejas con fluctuaciones continuas incluso en condiciones de reposo.

Embarazo

La frecuencia cardíaca fetal cambia en función de cómo está la madre. Por ejemplo, si la sangre de la madre lleva menos oxígeno la frecuencia cardíaca y los movimientos del bebé disminuyen, si hay un aumento del estrés y/o ansiedad en la madre se correlaciona con un aumento de la frecuencia cardíaca del bebé, o cuando la madre se va a dormir, las frecuencias cardíacas del bebé y la madre se equilibran.

Una de las hipótesis que apoya esta sincronización es la respiración materna como método de control ya que durante la inhalación la frecuencia cardíaca aumenta y durante la exaltación disminuyen. Actualmente, también se ha planteado una nueva hipótesis que sugiere que el ensamblaje cardíaco materno-fetal está mediado por estímulos acústicos del latido del corazón materno que oye el bebé. Es decir, que a través del sonido que genera el corazón de la madre al latir y que el bebé (obviamente) oye, provoca que su corazón late al mismo ritmo.

Después del nacimiento

La sincronización durante el embarazo es sorprendente, pero ¿y si te digo que esta sincronización también sucede hasta 3 meses después del parto?

Una investigación de la Universidad Bar-Ilán de Israel examinaron la reacción de una madre con su bebé de 3 meses. Se monitorizó la actividad cardíaca mientras se controlaba el patrón de miradas, la voz y las demostraciones de cariño. Descubrieron que existía una coordinación entre el ritmo cardíaco de los dos con sólo 1 segundo de retraso.

Otro estudio habla de cómo la interacción social con el cuidador principal (madre o padre) provoca unos ritmos de la frecuencia cardíaca más fuertes que cuando son con un desconocido. Otro postula que la sincronía conductual madre-bebé refuerza el desarrollo de la autorregulación en los diferentes sistemas nerviosos durante los primeros años de vida.

Conclusión

La unión madre e hijo es tan fuerte como unos corazones que laten al mismo ritmo.

Si ya consideraba sorprendente que parte de los hijos siempre queden en la madre que los ha gestado (microquimerismo fetal), imagina si también tenemos unos corazones que van al mismo compás.

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