Ahora estaba hablando con una amiga sobre nuestras crianzas. Cada una con su realidad que ya he aprendido a no comparar ni a juzgar, pero lo que te das cuenta es de la dificultad de conciliar.
Parece una utopía hacer realidad aquella conciliación que imaginas cuando estás embarazada en la que piensas que podrás trabajar tantas horas y tu pareja otras tantas, manteniendo la crianza presente que quieres hacer, cuidando las amistades, teniendo la casa perfecta, encontrando ratos para hacer ejercicio, etc. Todo esto quiere tiempo (o dinero) que tendrás que encontrar y que, a veces, no es tan fácil.
La conciliación se define como la capacidad de contabilizar el tiempo dedicado al trabajo remunerado y al cuidado de la familia y la vida personal. Esto está reconocido por la Constitución Española, pero el 67,8% de las personas tienen problemas para conseguirlo, y principalmente afecta a las mujeres. No quiero entrar al hablar de igualdad porque en la crianza nunca habrá igualdad, pero sí hacer una reflexión del problema social que supone.

Terminas la carrera universitaria y te pones a trabajar. Te vendieron que con estudios universitarios tendrías un futuro asegurado, pero esto no es cierto. Tienes que hacer pequeños trabajos insignificantes hasta encontrar “EL trabajo” al que dedicas jornadas interminables para demostrar a tus jefes que te importa ese trabajo. O decides trabajar por cuenta propia y le dedicas horas y horas para conseguir un nombre y la confianza de tus clientes.
Y entonces llegar el deseo de querer crear una familia. ¿Y ahora qué? La baja es insignificante y cuando tu bebé sólo tiene 4-5 meses debes volver al trabajo. Y, si decides quedarte con tu hijo, debes renunciar al sueldo y, en el caso de los autónomos, también a esa confianza que conseguiste.
Lo que más me entristece es la naturalidad en la que vemos que un bebé de 4 meses esté separado de su madre para estar en una guardería. Y con este comentario no quiero que nadie se sienta mal porque, como he dicho en un principio, no hay juicio. Solo quiero reflexionar sobre el sistema social que hemos convertido y aceptado criar.
Nuestras abuelas trabajaban en casa y la crianza era su gran responsabilidad. Nosotros queremos sentirnos satisfechas con la carrera profesional y tener nuestra autonomía económica; pero existe un precio que pagamos con nuestros hijos o hijas.
La solución son políticas que respeten la crianza y que pongan en el centro el cuidado de los más pequeños. ¿Por qué no pueden traspasarse las bajas entre progenitores? Quizás a una familia le va mejor que la madre sea la que vaya a trabajar y el padre que quede con la criatura, o al revés. ¿Por qué no invertir más dinero para que uno de los dos progenitores pueda estar el primer año de vida con el bebé mientras recibe una ayuda económica (real) para hacerlo?
Empresas con flexibilidad horaria donde la prioridad sea que el trabajo se realice y no la necesidad de estar físicamente presente. Dar posibilidades de trabajar a distancia si la tarea lo permite. Las diferencias empresariales entre hombres y mujeres todavía están presentes en nuestra sociedad. Y creo que deberíamos cambiar la perspectiva y mirar la diferencia como la posibilidad de tener diferentes estrategias frente a un mismo problema.
Sé que todas estas opciones son difíciles, pero esto no significa que sean imposibles.